GUIA ESENCIAL ANTES DE TU PRIMERA TERAPIA: Desenredando los frenos más comunes
La salud mental está en boca de todas. Es una realidad de la que desde hace un tiempo todo el mundo está hablando: la importancia de cuidarnos más allá del físico (¡Por fin!).
Sin duda, esto es una buena noticia, aunque aún quede muchísimo por hacer para que la salud mental sea accesible a todas las personas sin importar su nivel económico.
Hoy no vengo a hablar de todo lo que queda por hacer (quizás para ello sería más apropiado un libro que una entrada en un blog…), hoy vengo a abrirte las puertas de lo que se hace en terapia.
Sin embargo, aunque la terapia es algo de lo que últimamente se habla mucho, la realidad es que muy poca gente sabe en qué consiste realmente de puertas para dentro; y eso es de las peores cosas que pueden ocurrir, pues cuando no sabemos algo es nuestra imaginación quién cubre el resto.
Mi propósito en este artículo es poder orientarte un poco para que puedas conocer de primera mano (pretendo hablarte como terapeuta y como persona que acude a terapia) qué es la terapia (y qué no es), este lugar tan comentado y tan poco conocido (si tu duda es acerca de si necesitas terapia te dejo otro artículo aquí)..
Para empezar, quiero hacer una lista de los 12 frenos más comunes antes de empezar terapia y a partir de ellos te contaré un poco más (sí! todas nos hemos imaginado ese espacio y a todas se nos ha aparecido alguna imagen tenebrosa acerca de ese lugar). (¡Aprovecho aquí para dar las gracias a todas las personas que han aportado su visión y me han ayudado a que esta lista amplíe mi perspectiva como paciente!):
1. El dinero: “¿Cuánto me va a costar?”
Desgraciadamente, hoy en día aún no tenemos un sistema público de salud que garantice la accesibilidad de la salud mental a todos los estratos sociales; esto es un hecho. En el ámbito privado, el precio de una sesión de terapia puede oscilar entre los 50 y los 70 euros. Más de eso me parece excesivo, menos de eso (a no ser que tu terapeuta tenga algunas sesiones más baratas según condición económica), me parece sospechoso (teniendo en cuenta los gastos que supone al mes la supervisión de casos, el proceso de terapia personal y la formación. Eso significaría que alguno de estos tres factores puede que no se esté cumpliendo).
2. El tiempo: “¿Cuánto va a durar la terapia?”
Esta es una pregunta que me hacen a menudo y tengo que decirte que depende. Depende de tu ritmo y de lo que te haya tocado vivir. Normalmente cuando acudimos a terapia llevamos 20, 30, 40 años o más funcionando de la mejor manera que hemos podido. Poder encontrar otras formas de hacer no es tarea fácil y cuando se trata de cuidar la salud mental, las prisas no son buena compañía.
3. Miedo al juicio: “¿Voy a tener que contarle toda mi vida a un desconocido?¿Y si me juzga?”
Menudo temazo este. Me atrevería a decir que es el miedo más común de todos. La verdad es que dar el paso de ir a terapia es, en parte, como lanzarse al vacío, y yo, como terapeuta, aprendí lo que era eso de “no juzgar” a medida que fui contándole mi “m*erda” a mi terapeuta y sentí que al otro lado no había ese juicio (y cuando pienso en ese miedo recuerdo que, sobre todo, era terror a confirmar el juicio interno que había en mi). Es dar un voto de confianza y, desde ya te digo, si hueles algo de juicio en una primera sesión…¡huye!
Por otro lado sé que da palo contarle tu vida a una persona desconocida pero a menudo esto es mucho más natural de lo que te imaginas. Además, en esto de respetar los ritmos, es importante que quien te acompañe también respete hasta donde estés dispuesta a contar. NO, no tienes que contarlo todo el primer día, ni el segundo, ni el tercero. Es más, te aconsejo que te fíes de ti, tu intuición es más sabia de lo que crees, y cuando estés preparada para contar (lo que sea) lo harás de una manera más natural de lo que imaginas.
4. Pensamientos del tipo: “ya sé lo que tengo que hacer, ¿qué me van a decir que no sepa ya?”
Está claro que a veces parece muy obvio lo que nos pasa y qué tendríamos que poner en marcha para resolverlo pero no todo es cuestión de fuerza de voluntad. A menudo lo que encontramos en terapia es que la manera de probar “algo distinto” es mucho más sutil y tiene más que ver con mirar a los frenos que sentimos (ver cuando aparecieron, de qué nos protegieron, qué función cumplen, qué pasos necesitamos dar antes de que ese freno se afloje…) que con poner en marcha estrategias obvias que cualquiera (sin ser psicólogo/a) podría aconsejar.
5. Miedo a ser dependiente o a ser débil «¿Y si me vuelvo dependiente de mi terapeuta?»
Este es un miedo muy común y déjame decirte que el problema a veces es precisamente el contrario: querer poder con todo solas. En lo que consiste una relación terapéutica es en construir una relación de apego seguro donde, poco a poco, puedas sentirte confiada para dar aquellos pasos que sola tanto te costaba para, también poco a poco, sentirte cada vez más autónoma y que llegue el momento en que sientas que podrías seguir sin tus sesiones de terapia (y eso no quiere decir que nunca más la vuelvas a necesitar, ¿acaso no necesitamos ir al médico cada vez que sentimos que algo no anda bien en nuestro cuerpo?).
6. “¿Y si encuentro algo realmente malo de mi?¿Y si descubro que tengo algo grave o me diagnostican un trastorno mental?”
Déjame decirte que me apuesto una mano (y espero no perderla) a que este miedo puede tener que ver con lo que a menudo te han hecho sentir “otros” con mensajes del tipo “eres una exagerada”, “siendo así no te va a querer nadie”, “no es para tanto”, “eres demasiado sensible”… Entiendo perfectamente esa sensación y me parece que lo más humano que puede pasarte antes de ir a terapia es que aparezca. Te animo, si es tu caso, a buscar a alguien que a priori no te despierte estos miedos. Hoy en día por RRSS muchas nos exponemos y puedes dejarte sentir con qué forma de transmitir tu cuerpo se siente más cómodo o acogido. Si finalmente das el paso y sientes que realmente has caído en lugar seguro, te animo a contar este miedo para que tu terapeuta lo tenga en cuenta. Poder experimentar que al otro lado alguien puede sostener tu miedo y acogerlo puede ser realmente sanador.
7. Sentir que hay demasiado acumulado para contar, miedo a que no me entiendan: “Me siento incapaz o no sabré expresarme bien”,”¿por dónde empiezo?:
Te diré una cosa, no hay una “buena manera” de expresarse en terapia, como si necesitas llevarlo por escrito. Siempre digo algo que quizás pueda ayudarte: “póntelo fácil”. Si tienes miedo a no expresar “bien” todo lo que tienes por decir puedes empezar comunicando ese miedo.
En terapia lo más importante es respetar los ritmos de quien está siendo acompañado, te animo a que cuentes solo lo que te sientas preparada para compartir y que lo cuentes como puedas o como te salga (la profesional que te acompañe ya se encargará de irte guiando o preguntando la información que le haga falta). La persona que tienes delante puede ayudarte con ello y te puede guiar con preguntas que puedan ayudar a ordenar todo aquello que necesitas explicar.
8. Miedo a mirar todo aquello que he estado evitando: “Voy a tener que hacer cambios en mi vida que no estoy preparada para afrontar”
Sé que probablemente no sepas por dónde empezar y creo que lo importante aquí es que ni hay que mirarlo de frente, ni hay que mirarlo de golpe. De hecho, a menudo es recomendable partir de situaciones del día a día, de lo que pasa aquí, en el momento presente. No solo es menos amenazador que lo que guardamos en la mochila sino que a través de ir atendiendo lo que ocurre ahora indirectamente ya irás poniendo el foco en lo que ocurrió.
Y esto, ¿cómo puede ser? Pues porque lo que ocurre ahora y nos remueve, o incluso nos desborda, a menudo incluye lo actual y todas aquellas veces que sentimos lo que estamos sintiendo en la actualidad.
Por otro lado, ¿que tu vida va a cambiar? puede ser… Ahora bien, si eso ocurre no va a ser de la noche a la mañana, la terapia es un lugar donde la principal premisa es respetar el ritmo de la persona, y eso implica que no vas a “tener que” hacer nada que no te sientas preparada para hacer, no almenos de un modo brusco o que no puedas sostener. Y si eso ocurriera, quizás quien tiene que plantearse que hay algo que no está bien es el/la terapeuta y no tú. Lo natural es que al cabo del tiempo, cuando mires, te des cuenta de que esos cambios han ocurrido sin que haya sido a marchas forzadas (¡e incluso te sorprendas!)
9. Sentir que no tengo “suficientes motivos” como para pedir ayuda:
Déjame decirte que este es el mayor mal de la sociedad, sentir que tiene que haber pasado algo gordo como para “tener permiso” de pedir ayuda. Y digo que es un mal porque a menudo no es tan malo lo que sentimos sino cómo nos juzgamos por sentir lo que sentimos. El principal trabajo (y el más dificil) que hacemos en terapia es el de poder aprender a aceptarnos como somos porque a menudo nos han invalidado tanto la sensibilidad, las emociones que resultaban difíciles de sostener a quienes nos criaron y todo lo que está relacionado con la vulnerabilidad, que en la adultez somos nosotras quienes juzgamos todo aquello que sentimos y que está relacionado con ella.
10. “Voy a hablar de temas dolorosos y luego voy a tener que estar sola con ello cuando acabe la consulta”:
Nuestro trabajo también tiene que ver con co-regularnos en sesión. Es por ello que cuando salen temas dolorosos, además de que se suelen abarcar a mitad de proceso, no en las primeras sesiones (a no ser que sea un tema urgente y actual), tu terapeuta te ayudará a transitarlos de manera que, al acabar la sesión, puedas sostener lo que ha ocurrido en ella. También vas a ir aprendiendo maneras de gestionar tus emociones cuando aparezcan entre sesión y sesión.
11. «¿Y si no conecto con mi terapeuta?»:
Las relaciones en terapia son como las relaciones que desarrollamos fuera de ella, con unas personas sentimos más feeling que con otras. Por suerte, hay muchas terapeutas, te recomiendo que antes de consultar te tomes el tiempo para, o bien pedir recomendación, o bien bichear bien RRSS para ver si hay alguien que te llame la atención a la hora de comunicar sobre la terapia.
12. «¿Y si acaba enterándose todo mi entorno de que estoy mal?”
Lo que ocurre en terapia es algo confidencial, almenos por parte de tu terapeuta. Entiendo que a veces el entorno puede ver la terapia como algo negativo y tratar el tema con desprecio así que te diría que puedes contarlo (o no) y que, en caso de hacerlo (cosa que no es obligatoria ni mucho menos), lo hagas con quien sientas que no te va a juzgar por ello.
Estos son los obstáculos más habituales, quizás a ti se te ocurre alguno más (en cuyo caso te animo a escribir en comentarios para poder complementar el artículo y ayudar a más personas).
Como además de los miedos más comunes en terapia hay muchos mitos acerca de lo que se hace en un espacio de acompañamiento psicológico, próximamente os dejaré un artículo desmontando algunos de ellos para que puedas orientarte un poco más acerca de lo que hacemos de puertas para adentro.
Un abrazo,
Anna
